El
resultado de las elecciones italianas no augura un buen futuro ni para Italia
ni para el resto de Europa. A pesar de que la coalición de centroizquierda,
liderada por Bersani (Partido Democrático), se impone como primera fuerza
política, tan solo le saca tres escaños al partido de centroderecha, liderado
por Berlusconi (Pueblo de la Libertad). ¿Deberían asustarse los italianos de
que un imputado por inducir a menores a prostituirse se convierta en la segunda
fuerza política de un país europeo?
Pero la cosa no queda ahí. La imagen de la tercera
fuerza de Italia (Movimiento 5 Estrellas) ha resultado ser el cómico Beppe
Grillo. Y con cómico, quiere decirse que se dedica a la comedia, no que se
presentara a unas elecciones sin conocer al resto de militantes de su partido. Claro
que, visto el panorama, tampoco sería de extrañar que utilizara las urnas para
darse propaganda. Peor sería si las utilizara para conseguir sexo con
jovencitas.
Ahora el gran miedo de Europa, alentado por la
canciller de Alemania, Angela Merkel, es que este circo se traslade al resto de
países. Resulta complicado imaginarse a José Mota presentándose a las
elecciones generales, aunque poco importaría. La historia de España es la
historia de un país que nunca aprende. Así que mientras que en Italia los
políticos de verdad, como Bersani, naufragan entre una marea inconexa de votos,
en España los votantes seguirán al bipartidismo insano que conduce a la deriva,
cada vez más cerca del abismo, sabiendo que se acerca pero sin “poder”
evitarlo. ¿Es acaso peor un cómico que habla con el pueblo que un presidente
del gobierno que se esconde de él?
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