martes, 26 de febrero de 2013

¿Realidad alternativa?


El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 ha pasado a la historia como fecha memorable (23F) para todos los españoles por lo que pudo haber sido. Y porque hay imágenes. A simple vista, no parece haber mucha diferencia entre este acontecimiento y los numerosos pronunciamientos militares que marcaron el siglo XIX. ¿Por qué éste se conmemora y los demás no? Sin embargo, no es necesario profundizar mucho más para entender que aquellas personas que se pasaron el día temblando y pegadas a su televisor tenían los huesos impregnados del temor de la Guerra Civil del siglo XX, y sus 40 años de consecuencias. Por fin habían visto la luz y Antonio Tejero irrumpía en el Congreso de los Diputados para apagarla.

Pero, ¿qué es lo peor que podría haber pasado aquél día? Es decir, si la falta de organización no hubiese otorgado al levantamiento el calificativo de ‘chapuza’. La Constitución se habría derogado y hoy en día careceríamos de los derechos tan sólidamente asentados de los que gozamos. Por mera ideología, algunas personas podrían haber perdido sus casas. A otras se les podría negar la asistencia sanitaria por carecer de trabajo y de ingresos. Puede que solo pudieran estudiar los ricos. Quizá veríamos cómo la cumbre política roba y miente sin poder tomar represalias contra ellos, porque su palabra sería absoluta. La censura impediría que los periodistas se acercasen a los políticos para ‘sacarles los colores’ con sus impertinentes preguntas.

Pero todo esto no son más que meras hipótesis, claro.

martes, 19 de febrero de 2013

La Segunda Transición


Tan utópico como necesario es pensar que la Constitución puede cambiarse en un país donde todo se reduce a conseguir votos. Los políticos españoles se han olvidado de la importancia del honor y no lo van a recuperar viendo a los ciudadanos como meros votantes, y no como personas merecedoras de derechos, tales como una vivienda y un trabajo dignos. El ejemplo está claro: Mariano Rajoy, en la última campaña electoral, nos prometió el cielo, y en lugar de dárnoslo, cada día nos acerca un poco más al infierno. El gran drama es que las alternativas tampoco resultan ser muy alentadoras.

La Carta Magna de 1978 tenía su razón de ser en los años convulsos en que fue escrita. Se necesitaba un cambio de manera inmediata y pacífica. Ahora necesitamos otro cambio, pero las circunstancias no auguran ni la inmediatez ni la paz. Los españoles necesitan saber que sus impuestos van destinados a hacer de España un lugar más habitable, y no al bolsillo de Luis Bárcenas o al corrupto de turno. Necesitan saber que sus votos van a sacar al país del bipartidismo y que el objetivo no es la mayoría absoluta, sino el ansiado consenso de entonces. Y necesitan saber que su futuro está dentro de España

La diferencia entre aquel lejano 1978 y este aterrador 2013 se puede resumir en una cuestión: la sociedad de aquel momento, recién liberada del yugo de una dictadura, estaba ansiosa por acudir a las urnas, sin dudar de que su voto era tan importante como justo. Actualmente, la sociedad está demasiado decepcionada como para pensar que su voto puede cambiar las cosas. Necesitamos una Segunda Transición, pero para ello hay que recuperar la capacidad de creer que un mundo mejor es posible.


martes, 12 de febrero de 2013

Sin preguntas, por favor



“Reunión de periodistas en torno a una figura pública para escuchar sus declaraciones y dirigirle preguntas”. Esta es la definición que nuestra Real Academia Española da del concepto `rueda de prensa’. ¿Qué ha pasado con esas dos últimas palabras de la definición? ¿Desde cuándo el periodista se ha convertido en mero publicista? Pedir a un periodista que acuda a una rueda de prensa sin poder hacer preguntas significa dejar coja a una profesión que lleva mamando desde la cuna las 5 W’s (who, what, when, where, why).

Puesto que se trata de un ataque directo del primer al cuarto poder, convirtiendo a este último en mero altavoz de las palabras del primero, los periodistas deberían profesarse más respeto a sí mismos, que odio a la competencia, para aunar fuerzas y acabar con este teatro. Esta representación, que lleva dándose desde hace algunos años, ya ha tenido su culmen con la sustitución del ‘Líder’ por una pantalla, al estilo de 1984. Quizá a Orson Welles le pareciese exagerado, pero no a los periodistas que se marcharon de Génova con las fotos y declaraciones de un televisor.

¿Seguirá el gremio de la comunicación permitiendo a los políticos que controlen sus publicaciones? ¿Seguirán los ciudadanos consumiendo una prensa completamente politizada? Por desgracia, con el miedo que ha demostrado tener nuestro presidente a las preguntas y a la vida pública, o reaccionamos, o nos quedamos sentados frente al televisor esperando el mensaje del líder.

martes, 5 de febrero de 2013

La mnarquía tiene fecha de caducidad

La historia reciente es la encargada de demostrar el papel tan importante que jugó don Juan Carlos durante la Transición. Con sus decisiones, se ganó el respeto y el afecto del pueblo español, y aquel impulso llega hasta la actualidad. Sin embargo, en los últimos años, la actuación de los propios miembros de la Casa Real ha puesto en jaque a esta institución y son muchas las preguntas que hay que plantearse.

La primera de ellas, y la más importante, es si todos y cada uno de los españoles somos iguales ante la ley. Por desgracia, el sistema judicial es lento y debemos esperar a la resolución del caso Urdangarín para averiguarlo. La segunda, es si el monarca, dado su estado de salud, no debería haber abdicado ya en su hijo Felipe. Y la tercera, si el pueblo español debería aceptar sin más a un sucesor impuesto o se debería realizar un referéndum, de carácter consultivo, para que luego el Gobierno tome las medidas que considere oportunas.

La Casa Real, en 2012, tuvo asignado un presupuesto de 8.264.280 euros, de los cuales un 40,48% va destinado a gastos de personal y un 40,72% a gastos corrientes en bienes y servicios. Cuesta entender, en los tiempos que corren, que se destine esa cantidad de dinero a una sola familia, cuando el número de hogares que tienen a todos sus miembros activos en paro se sitúa en 1.737.600, según el INE. Es obvio que el paso de una monarquía a una república no mejoraría los últimos datos, pero al menos sí tendríamos la posibilidad de elegir a quién queremos destinar el presupuesto del Estado. ¿El rey debería abdicar? Sí. ¿Es Felipe la mejor solución? Solo el tiempo tiene la respuesta.