El golpe de Estado del
23 de febrero de 1981 ha pasado a la historia como fecha memorable (23F) para
todos los españoles por lo que pudo haber sido. Y porque hay imágenes. A simple
vista, no parece haber mucha diferencia entre este acontecimiento y los
numerosos pronunciamientos militares que marcaron el siglo XIX. ¿Por qué éste
se conmemora y los demás no? Sin embargo, no es necesario profundizar mucho más
para entender que aquellas personas que se pasaron el día temblando y pegadas a
su televisor tenían los huesos impregnados del temor de la Guerra Civil del
siglo XX, y sus 40 años de consecuencias. Por fin habían visto la luz y Antonio
Tejero irrumpía en el Congreso de los Diputados para apagarla.
Pero,
¿qué es lo peor que podría haber pasado aquél día? Es decir, si la falta de
organización no hubiese otorgado al levantamiento el calificativo de ‘chapuza’.
La Constitución se habría derogado y hoy en día careceríamos de los derechos
tan sólidamente asentados de los que gozamos. Por mera ideología, algunas
personas podrían haber perdido sus casas. A otras se les podría negar la
asistencia sanitaria por carecer de trabajo y de ingresos. Puede que solo
pudieran estudiar los ricos. Quizá veríamos cómo la cumbre política roba y
miente sin poder tomar represalias contra ellos, porque su palabra sería
absoluta. La censura impediría que los periodistas se acercasen a los políticos
para ‘sacarles los colores’ con sus impertinentes preguntas.
Pero todo esto no son
más que meras hipótesis, claro.
