La primera de ellas, y
la más importante, es si todos y cada uno de los españoles somos iguales ante
la ley. Por desgracia, el sistema judicial es lento y debemos esperar a la
resolución del caso Urdangarín para
averiguarlo. La segunda, es si el monarca, dado su estado de salud, no debería
haber abdicado ya en su hijo Felipe. Y la tercera, si el pueblo español debería
aceptar sin más a un sucesor impuesto o se debería realizar un referéndum, de
carácter consultivo, para que luego el Gobierno tome las medidas que considere
oportunas.
La Casa Real, en 2012,
tuvo asignado un presupuesto de 8.264.280 euros, de los cuales un 40,48% va
destinado a gastos de personal y un 40,72% a gastos corrientes en bienes y
servicios. Cuesta entender, en los tiempos que corren, que se destine esa
cantidad de dinero a una sola familia, cuando el número de hogares que tienen a
todos sus miembros activos en paro se sitúa en 1.737.600, según el INE. Es
obvio que el paso de una monarquía a una república no mejoraría los últimos
datos, pero al menos sí tendríamos la posibilidad de elegir a quién queremos
destinar el presupuesto del Estado. ¿El rey debería abdicar? Sí. ¿Es Felipe la
mejor solución? Solo el tiempo tiene la respuesta.
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