“Reunión de periodistas
en torno a una figura pública para escuchar sus declaraciones y dirigirle preguntas”. Esta es la
definición que nuestra Real Academia Española da del concepto `rueda de prensa’.
¿Qué ha pasado con esas dos últimas palabras de la definición? ¿Desde cuándo el
periodista se ha convertido en mero publicista? Pedir a un periodista que acuda
a una rueda de prensa sin poder hacer preguntas significa dejar coja a una
profesión que lleva mamando desde la cuna las 5 W’s (who, what, when, where, why).
Puesto
que se trata de un ataque directo del primer al cuarto poder, convirtiendo a
este último en mero altavoz de las palabras del primero, los periodistas deberían
profesarse más respeto a sí mismos, que odio a la competencia, para aunar fuerzas
y acabar con este teatro. Esta representación, que lleva dándose desde hace
algunos años, ya ha tenido su culmen con la sustitución del ‘Líder’ por una
pantalla, al estilo de 1984. Quizá a
Orson Welles le pareciese exagerado, pero no a los periodistas que se marcharon
de Génova con las fotos y declaraciones de un televisor.
¿Seguirá
el gremio de la comunicación permitiendo a los políticos que controlen sus
publicaciones? ¿Seguirán los ciudadanos consumiendo una prensa completamente
politizada? Por desgracia, con el miedo que ha demostrado tener nuestro
presidente a las preguntas y a la vida pública, o reaccionamos, o nos quedamos
sentados frente al televisor esperando el mensaje del líder.

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